Xavier Masero

  

Xavier Masero disfruta de la lucha de las formas para acontecer nuevas formas: «La herida aspira siempre a cicatriz» se dice mentalmente. Y es que su mirada sobre el mundo no es común. Más allá de mirar las cosas, sus ojos se paran a indagar como están hechas; más allá de la carne, anhelan la forma, lo que de ella perdura, la estructura que la hace posible: «más que al pez -diría Masero- amo la piel del pez». De la naturaleza, escoge los restos del frugal banquete; del pensamiento, sus procesos; de la vida, en fin, el eco que nos habla de la vanidad del camino.

Por eso la obra de Masero es casi estructural, ósea; es fiel al juego orgánico que el mundo le propone, pero su arte se debate entre la materia muerta y el gesto, bascula entre la geometría que modula el orbe y el caos que lo libera, y explora más allá del todo, la suma de las partes, recortes donde la naturaleza espontánea aspira a superar el fatuo combate de la vida y se acomoda en nuevas formas, como huyendo del tempus fugit.

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